Los hermanos Forn: descubriendo la memoria histórica del vino

24 de noviembre de 2023

Casos de éxito

ENTREBOSC (Castellfollit de Foix, Bages)

Ferran, Enric y Violeta. Tres hermanos de la familia Forn impulsan el proyecto Entrebosc en el Mas Pubill del Bages, una finca donde hace casi dos siglos se había abandonado la producción de vino y que ahora se está recuperando gracias al empuje de una generación que mira al pasado para construirse un futuro.

Enric, viticultor; Ferran, encargado de márquetin; y Violeta, recién titulada en la Escuela de Enoturismo de Cataluña. Poco se lo pensaban estos tres hermanos que los juegos infantiles darían paso a un verdadero proyecto de vida. Y no uno cualquiera, sino una iniciativa vinculada a la memoria histórica de la propia masía familiar. Entrebosc es un proyecto que enlaza con el legado cultural del valle de Grevalosa, un paisaje montañoso situado justo en el centro de Cataluña y lleno de vestigios de la memoria del vino.

Tecnología de 1800 combinada con realidad inmersiva

De entrada, Ferran ya aclara que Entrebosc no está ubicado en una gran finca. “No somos de grandes producciones. El valor añadido, lo que nos diferencia, son las construcciones de piedra seca: las cabañas de pastor y los cuatro grandes lagares donde elaboraban el vino a mediados del siglo XIX”. Y es que este hallazgo es el que motivó, en gran parte, el carácter de este proyecto, las enormes tinas utilizadas ancestralmente para la producción vitivinícola que se convirtieron en depósitos de grano y después cayeron en el olvido.

"Los lagares son las antiguas tinas, de mediados de 1850, unos grandes recipientes donde se elaboraba el vino. Nos van muy bien para enseñar a la gente de una manera muy gráfica el volumen de vino que se hacía antes", explica Ferran. Para facilitar esta tarea pedagógica se han restaurado y musealizado utilizando tecnología inmersiva mínimamente invasiva.

La recuperación del patrimonio de este lugar se enmarca en la apuesta de Entrebosc por la producción responsable de vinos ecológicos de calidad, con tiradas muy limitadas. Un rendimiento que se puede considerar bajo y la convierten una de las bodegas más pequeñas de la denominación de origen Pla del Bages. Como dice Ferran: “se trata de cuidar la materia prima y que la bodega exprese su personalidad. Son vinos muy ligados al terreno donde están plantadas las vides: un reflejo del paisaje que la rodea”.

En este caso, se trata de un bosque mediterráneo donde las viñas se organizan por bancales. Unos bancales situados a una altitud considerable que, en un contexto de cambio climático, suponen una apuesta de futuro por la viña de montaña. “Está a 650 metros de altitud, el vino madura más despacio y vendimiamos a finales de septiembre y principios de octubre”, puntualiza.

Para sacar el máximo partido de la finca, además, los hermanos multiplican las iniciativas, como los eventos responsables con el entorno, una tarea que les parece muy gratificante. “Cada persona que viene es diferente y tienes una experiencia nueva con cada cliente”, explica Violeta. Todo ello con la idea de asegurar la viabilidad del proyecto. "La idea es vivir del vino", insiste Ferran.

Este esfuerzo por crear una bodega responsable con el patrimonio y con el entorno empieza a recibir sus recompensas: la Guía de Vinos del diario La Vanguardia los galardonó con el Premio Jóvenes Promesas 2022. Un reconocimiento que les augura un muy buen futuro, impulsados por la fuerza de esta nueva generación Forn que, ahora, ya ha incorporado a un nuevo miembro: Maricel, la cuarta hermana, a quien el vino que corre por las venas familiares ya le ha picado también la curiosidad.

Entre todos harán evolucionar estos majestuosos viñedos ecológicos tan vinculados al patrimonio histórico, poniendo en marcha nuevos proyectos que pongan en valor la finca, como la restauración del molino harinero de 1755, la puesta en marcha del depósito y el acondicionamiento de la esclusa, un recinto donde los campesinos almacenaban el agua. “Estamos haciendo funcional un espacio que es histórico. No solo para mostrarlo, sino también para utilizarlo como parte de la explotación”, dice Ferran.

“Tenemos la obligación moral de preservar el entorno y mejorar la biodiversidad de este. Nuestros antepasados hace generaciones que lo hacían, entonces, ¿por qué nosotros no?”, proclaman los hermanos.