En la vertiente norte de la sierra de Collserola, a pocos kilómetros del centro de la ciudad, la masía de Can Calopa de Dalt es mucho más que un espacio agrícola. Este lugar histórico se ha convertido en un inspirador ejemplo de cómo la recuperación del patrimonio rural, la agricultura ecológica y la inclusión social pueden generar un impacto real en el territorio.
Un proyecto de agricultura social
La historia reciente de Can Calopa empieza con la voluntad de recuperar la tradición vitivinícola de Barcelona. Desde el año 2010, la cooperativa L’Olivera se encarga de gestionar los viñedos de esta finca municipal y lo hace con un modelo que combina actividad económica, compromiso social y respeto por el territorio.
Recuperar esta tradición en un entorno periurbano, rodeado de bosque mediterráneo y muy cercano a zonas urbanizadas, es todo un ejercicio de resiliencia y un firme compromiso por mantener vivo el paisaje agrícola de Collserola.
La cooperativa tiene el eje social como centro de su modelo productivo, por lo que incorpora a personas con capacidades diversas o en riesgo de exclusión social en todas las etapas del proceso agrícola y de elaboración. El resultado es una agricultura de escala humana que pone a las personas en el centro e interpreta el territorio a través de sus productos. Un buen ejemplo de ello es el vino Vinyes de Barcelona, el único vino elaborado dentro del municipio.
Enoturismo y sensibilización ambiental
Can Calopa ofrece también experiencias de enoturismo que invitan a descubrir de cerca la viña urbana de Barcelona. A través de visitas guiadas por la finca, los visitantes pueden pasear entre viñedos, conocer la historia de la masía y entender el proceso de elaboración de sus vinos y aceites mientras descubren el proyecto social que hay detrás.
A estas experiencias se suman también propuestas pedagógicas como el Aula de Can Calopa, una actividad orientada a escuelas y centros educativos que invita al alumnado a actuar, pensar y sentir en conexión con el entorno, y a intervenir de manera crítica, activa y creativa en la sociedad plural que los rodea.
Can Calopa está adscrito al Compromiso para la Sostenibilidad Turística Destino Barcelona y es todo un referente, con decenas de buenas prácticas acreditadas. Sus experiencias conectan gastronomía, cultura y territorio, y muestran cómo el enoturismo puede convertirse en una herramienta de sensibilización sobre el paisaje agrícola, el valor de la producción local, la inclusión social y la sostenibilidad.
Un modelo para las ciudades del futuro
El caso de Can Calopa demuestra que las grandes ciudades también pueden preservar y revitalizar los espacios agrícolas. Recuperar la viña en Collserola no solo significa producir vinos y aceites, sino también preservar un paisaje, generar oportunidades de inclusión social y reconectar a la ciudadanía con el origen de los alimentos.
En un momento en que el turismo busca experiencias más responsables y arraigadas en el territorio, iniciativas como esta evidencian que el futuro pasa por proyectos que integren sostenibilidad ambiental, valor social y autenticidad cultural. Can Calopa es, sin duda, un ejemplo de este camino.
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